Si te hablan de software libre, lo primero que aparece en la cabeza es Linux. Y sin embargo hay otro linaje igual de importante y bastante más viejo: BSD (Berkeley Software Distribution). Lleva más de cuatro décadas trabajando en silencio, y casi seguro que ahora mismo lo estás usando sin enterarte: en el móvil que tienes en la mano, en la consola del salón o en el servidor que te manda la película de esta noche.
Nace en una universidad
A finales de los 70, la Universidad de California en Berkeley recibió una copia del código fuente de UNIX de los Laboratorios Bell de AT&T. Un grupo de estudiantes e investigadores, el famoso CSRG (Computer Systems Research Group), se puso a mejorarlo y a repartir sus parches y herramientas en cintas que bautizaron como “Berkeley Software Distribution”. La primera, 1BSD, es de alrededor de 1978.
De aquellas cintas salieron piezas que hoy ni nos paramos a pensar. La más decisiva fue la implementación de TCP/IP, que se popularizó con 4.2BSD en 1983 y acabó siendo la base sobre la que se montó internet. Y hay más herencia del día a día: el editor vi, el intérprete de comandos C shell (csh) y la API de sockets de red, ese mecanismo que sigue usando cualquier programa que se conecta. Buena parte de la fontanería de la informática moderna se diseñó en aquel campus de California.
La gran demanda que cambió la historia
A principios de los 90, Berkeley dio un paso de lo más razonable: reescribir las partes del sistema que aún dependían del código propietario de AT&T para poder liberar BSD sin ataduras legales. AT&T no lo vio igual. En 1992 su filial UNIX System Laboratories demandó a BSDi (la empresa que vendía una versión comercial) y a la propia universidad por presunto uso indebido de secretos industriales.
El pleito, conocido como USL contra BSDi, se resolvió en febrero de 1994. Técnicamente la cosa quedó en casi nada: de los 18.000 ficheros de la distribución, solo hubo que retirar tres y retocar unos cuantos más, y de ahí salió la versión limpia 4.4BSD-Lite. Pero el daño ya estaba hecho. Esos dos años largos de incertidumbre legal coincidieron justo con el despegue de Linux. Más de un historiador sostiene que, si BSD no hubiera estado atrapado en los tribunales, la historia del software libre habría sido muy distinta.
Tres hijos con personalidades distintas
El antepasado directo de todo lo que vino después fue 386BSD, un port a los PC con procesador Intel 386 que Lynne y William Jolitz publicaron en 1992. De aquel proyecto, y de las broncas entre sus mantenedores, nacieron los tres grandes BSD que seguimos usando:
- FreeBSD — el más popular. Lo fundaron en 1993 los coordinadores del “patchkit” de 386BSD (entre ellos Jordan Hubbard, Nate Williams y Rod Grimes). Va a por el rendimiento y la solidez en servidores y centros de datos.
- NetBSD — también de 1993, nació obsesionado con la portabilidad. Su lema, “of course it runs NetBSD”, lo dice todo: corre en una cantidad asombrosa de arquitecturas, desde un PC normal hasta hardware tan raro que da vértigo.
- OpenBSD — Theo de Raadt lo separó de NetBSD en octubre de 1995 tras un desencuentro con su equipo, y publicó la primera versión en 1996. Es el BSD fanático de la seguridad y del código auditado línea a línea.
OpenSSH: el regalo de OpenBSD al planeta
Si hay un proyecto que demuestra el impacto desproporcionado de BSD, es OpenSSH. El equipo de OpenBSD cogió la última versión libre de SSH y en diciembre de 1999 la lanzó junto con OpenBSD 2.6. Hoy es el estándar absoluto para conectarse de forma segura a servidores remotos: lo usan casi todas las distribuciones de Linux —desde Debian y Ubuntu hasta Fedora o Arch—, los routers, los móviles y la inmensa mayoría de servidores del mundo. Un software nacido en BSD que es, a la vez, invisible y omnipresente.
BSD está por todas partes (aunque no lo veas)
Y aquí está la clave de por qué BSD parece discreto pero manda en silencio: su licencia es mucho más permisiva que la GPL de Linux. Te deja coger el código, modificarlo y meterlo en un producto cerrado sin que tengas que publicar los cambios. Por eso lo encuentras en sitios que jamás imaginarías:
- macOS e iOS tienen un núcleo (Darwin/XNU) que incorpora abundante código BSD y de FreeBSD, herencia directa de NeXTSTEP.
- La PlayStation 4 y la PlayStation 5 funcionan sobre un sistema basado en FreeBSD.
- Netflix sirve su tráfico de vídeo desde su red Open Connect, construida sobre FreeBSD, capaz de empujar 800 Gb/s desde un solo servidor.
Al lado de Linux y sus mil y una distribuciones, BSD hace mucho menos ruido. Pero lleva más de cuarenta años siendo una de las piezas más sólidas, elegantes e influyentes de todo el software libre. La próxima vez que te conectes por SSH, enciendas la consola o pongas una serie en streaming, acuérdate de que casi seguro hay un trozo de Berkeley funcionando ahí debajo.
