A finales de los noventa instalar Linux era casi un rito de paso, reservado a quienes no temían editar archivos de configuración a mano. Ahí apareció Caldera OpenLinux, una distribución comercial que apostó por algo bastante radical para la época: que Linux fuera fácil. Lo curioso es que el nombre Caldera no acabó asociado a la comodidad, sino a uno de los litigios más sonados de la historia del software libre.
Orígenes: ex empleados de Novell y el dinero de Canopy
Caldera, Inc. se fundó en octubre de 1994 y se incorporó formalmente el 25 de enero de 1995. Detrás estaban Bryan Wayne Sparks, Ransom H. Love y otros antiguos empleados de Novell, la compañía de redes que había dominado el mercado de servidores en los ochenta. El dinero inicial vino del Canopy Group, el vehículo de inversión de Ray Noorda, ex presidente de Novell, centrado en startups de Utah.
La idea era montar una empresa de software de redes basada en Linux. Su primer producto, Caldera Network Desktop, se apoyaba en Red Hat Commercial Linux y dejó de venderse en marzo de 1997. Poco después Caldera lanzaría su propia familia de distribuciones: OpenLinux.
OpenLinux: Linux con ambiciones de escritorio
Caldera OpenLinux nació en 1997 (versiones Lite, Base y Standard 1.0, con kernel Linux 2.0.25) y se mantuvo hasta 2002. A diferencia de muchas distribuciones de entonces, apostó de lleno por el escritorio KDE e incluyó componentes como Qt y Wine. En su mejor momento fue una de las cuatro grandes distribuciones comerciales, junto a Red Hat (RHEL es su heredera empresarial), Turbolinux y SuSE.
Pero lo que de verdad marcó la diferencia fue la instalación. A finales de 1998, el centro de desarrollo Caldera Deutschland creó Lizard (Linux Wizard), el primer instalador completamente gráfico de Linux. OpenLinux 2.2, lanzada el 19 de abril de 1999 con kernel 2.2.5, lo estrenó ante el gran público. Lizard podía arrancarse incluso desde una partición de Microsoft Windows, detectaba el hardware solo y guiaba al usuario paso a paso.
La curiosidad del Tetris
Este es el detalle que más recuerdan los veteranos: mientras OpenLinux copiaba archivos al disco, la pantalla de “Entertainment” del instalador ofrecía una partida de Tetris para amenizar la espera. Toda una declaración de intenciones. Instalar Linux dejaba de ser una tortura técnica para convertirse, literalmente, en un juego. Pequeños gestos como ese marcaron el camino que más tarde popularizarían distribuciones como Ubuntu.
Versiones clave y el coleccionismo de sistemas
Tras la 2.2 llegaron OpenLinux 2.3 (septiembre de 1999, kernel 2.2.10), comercializada también como eDesktop y eServer, y la línea eDesktop 2.4. Caldera no se quedó solo en Linux: en julio de 1996 le había comprado a Novell la línea DR-DOS, lo que la convirtió en propietaria de DR-DOS, el clásico competidor de MS-DOS. Caldera empaquetó DR-DOS junto a OpenLinux y libró una célebre demanda antimonopolio contra Microsoft por las maniobras que habían perjudicado a aquel DOS.
En 1998 Caldera, Inc. escindió Caldera Systems para encargarse de OpenLinux. Y en 2001 dio el paso que cambiaría su destino: adquirió la división de servidores y servicios de Santa Cruz Operation, heredando el negocio Unix y el propio nombre SCO. La empresa pasó a llamarse Caldera International.
El giro hacia SCO Group y el inicio de los pleitos
En junio de 2002, Ransom Love dejó la dirección y entró Darl McBride como CEO. El 26 de agosto de 2002, Caldera anunció su cambio de marca a The SCO Group, recuperando el nombre asociado a Unix. Era el preludio de la tormenta.
El 6 de marzo de 2003, SCO Group demandó a IBM por mil millones de dólares, alegando que IBM había volcado propiedad intelectual de Unix de SCO en el código de Linux. La cifra escaló hasta cinco mil millones. La comunidad del software libre reaccionó con indignación, y consideró las acusaciones infundadas y hasta deshonestas. Microsoft, por su parte, pagó seis millones de dólares en mayo de 2003 por una licencia de “Unix y patentes relacionadas”, pese a que SCO no poseía tales patentes.
Un final por agotamiento
El caso se alargó años. En 2010, un jurado falló por unanimidad que era Novell —y no SCO— quien poseía los derechos de autor de Unix y UnixWare. SCO entró en bancarrota. El 1 de marzo de 2016, la demanda contra IBM se desestimó con perjuicio, y en 2021 se cerró del todo: IBM pagó 14,25 millones de dólares al administrador concursal que quedaba de SCO.
Así, una distribución que nació para hacer Linux accesible terminó dando nombre a la entidad que intentó frenarlo en los tribunales. El legado real de Caldera sigue vivo cada vez que un instalador gráfico nos pregunta con educación dónde queremos colocar nuestro sistema operativo.
