Si piensas en interfaces gráficas de los ochenta, lo normal es que te venga a la cabeza el Macintosh o, como mucho, las primeras versiones de Windows. Casi nadie recuerda que un ordenador doméstico de andar por casa, con 64 kilobytes de RAM, el Commodore 64, llegó a mover un entorno gráfico completo: ratón, ventanas, menús desplegables y hasta autoedición. Aquel prodigio se llamaba GEOS, siglas de Graphic Environment Operating System.
El origen: Berkeley Softworks
GEOS nació en 1986 de la mano de Berkeley Softworks, empresa que Brian P. Dougherty había fundado en 1983 tras pasar por Mattel como ingeniero. El equipo que firmó el sistema —Jim DeFrisco, Dave Durran, Michael Farr, Doug Fults, Chris Hawley, Clayton Jung y Tony Requist, entre otros— venía de programar para máquinas tan justas como la consola Atari 2600. Y esa experiencia exprimiendo hardware modesto lo cambió todo: GEOS hacía lo que parecía imposible con 64 kilobytes y un procesador de 8 bits que apenas llegaba a 1 MHz.
El reto técnico no era pequeño. El Commodore 64 ni siquiera traía un sistema operativo gráfico de fábrica, solo su KERNAL en ROM y un intérprete de BASIC. GEOS añadía encima toda una capa de escritorio, gestión de archivos, soporte de impresoras y un sistema de fuentes proporcionales, y todo eso se cargaba desde un disquete.
Versiones clave
La primera versión, GEOS 1.0, apareció en marzo de 1986 solo para el Commodore 64. En agosto, pocos meses después, llegó la 1.2, que iba a por la estabilidad y el soporte de periféricos como las impresoras.
En 1987 salió GEOS 128, ajustada al Commodore 128, que usaba sus 128 kilobytes de memoria para acelerar las operaciones de disco y dar un escritorio más holgado. En 1988 el sistema cambió de plataforma: apareció una versión para el Apple II y quedó claro que la idea no dependía de una sola máquina.
El gran salto técnico fue GEOS 2.0, lanzada en noviembre de 1988 para Commodore 64 y 128. Esta versión admitía unidades de expansión de RAM de hasta 512 kilobytes —que servían para cachear el disco y simular memoria virtual— y trabajaba con hasta cuatro disqueteras a la vez. La última entrega oficial de Berkeley Softworks fue GEOS 2.5, publicada solo en Alemania en 1993 junto a la editorial Markt & Technik.
Una suite gráfica completa
Lo que sacó a GEOS de la categoría de curiosidad fue su software. El sistema traía geoWrite, un procesador de textos WYSIWYG con fuentes proporcionales, y geoPaint, un programa de dibujo a mapa de bits. Después llegó geoPublish, una aplicación de autoedición sorprendentemente capaz para lo que se estilaba entonces. No le hacía sombra a Aldus PageMaker, pero permitía maquetar boletines y documentos con un nivel que nadie esperaba de un ordenador de salón.
La filosofía se parecía a la de sistemas de gama mucho más alta como Mac OS o el entorno gráfico de AmigaOS, solo que sobre un hardware diez veces más barato.
Curiosidades reales
La anécdota más jugosa es de marketing, y está comprobada: el propio Brian Dougherty contaba que Berkeley Softworks llevaba su negocio con su propio software sobre ordenadores Commodore de 8 bits durante varios años. La empresa escribía sus documentos en geoWrite, así de literal.
Hay otro dato que descoloca. En su mejor momento GEOS llegó a ser el tercer sistema operativo de microordenadores más extendido del mundo por unidades distribuidas, solo por detrás de MS-DOS y de Mac OS. Tampoco está mal para algo que cabía en un disquete.
La historia de GEOS no se cerró con sus creadores. Berkeley Softworks terminó convirtiéndose en GeoWorks y sacó una versión de 16 bits para PC. Y la comunidad mantuvo vivo el GEOS de 8 bits durante décadas: aparecieron extensiones como Wheels, que sumaba multitarea, ventanas redimensionables y soporte para discos duros y expansiones de RAM de hasta 16 megabytes en máquinas de los ochenta. En 2016 se liberó públicamente el código fuente de GEOS 2.0 y se cerró el círculo de un proyecto que demostró cuánto se podía sacar de muy poco.
