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Noticias· 4 min de lectura

Mandrake y Mandriva: el Linux que conquistó a los principiantes

A finales de los noventa, instalar Linux seguía siendo cosa de valientes. Ahí apareció Mandrake Linux con una idea que entonces sonaba a locura: que cualquiera, sin saber de ordenadores, pudiera tener un escritorio Linux funcionando en casa. Durante años fue de las distribuciones más usadas del mundo. Cambió de nombre, su empresa terminó cerrando, pero el espíritu aguantó. Esta es su historia.

Los orígenes: Gaël Duval y la facilidad de uso

Mandrake Linux nació en julio de 1998 de la mano del francés Gaël Duval (nacido en 1973), que poco después cofundaría la empresa MandrakeSoft. La primera entrega partía de Red Hat Linux 5.1, pero con una diferencia que lo cambiaba todo: traía de serie el entonces jovencísimo escritorio KDE 1, frente al arranque por defecto, mucho más sobrio, de Red Hat.

Duval lo tenía claro: Linux no tenía por qué ser difícil. Mientras otras distribuciones presumían de potencia y de mil opciones, Mandrake apostó por instaladores gráficos amables, detección automática de hardware y sus propias herramientas de configuración, las célebres “draktools”. Aquella primera 5.1 llevaba el nombre en clave “Venice” y montaba el kernel 2.0.35; en diciembre de 1998 llegó la 5.2 “Leeloo”, la primera de verdad estable.

El ascenso de una distribución estrella

A principios de los 2000 Mandrake vivió sus mejores años. El instalador era de los más cuidados que había, venía con un montón de software ya instalado y arrancaba sobre el ordenador de casa sin pedirte horas de configuración a cambio. Para muchísima gente, Mandrake fue su primer contacto con Linux.

El nombre fue mutando: desde la primera versión hasta la 8.0 se llamó “Linux-Mandrake”; de la 8.1 a la 9.2 pasó a “Mandrake Linux”; y a partir de la 10.0 se escribió “Mandrakelinux”. MandrakeSoft incluso salió a bolsa en 2001, en pleno fervor por el software libre.

Crisis económica y el famoso pleito por el nombre

No todo fue de color de rosa. A finales de 2002 MandrakeSoft reconoció serios problemas de liquidez y, en enero de 2003, presentó la “déclaration de cessation des paiements”, el equivalente francés a la protección por quiebra. Para aguantar el tirón lanzó el Mandrakeclub, una suscripción que daba ventajas a cambio del apoyo de la comunidad.

Y aquí viene la anécdota más sonada de toda la historia. En febrero de 2004, MandrakeSoft perdió un juicio contra la Hearst Corporation, dueña de King Features Syndicate. ¿La razón? El personaje de cómic Mandrake el Mago (Mandrake the Magician): Hearst sostenía que su marca estaba siendo infringida. La empresa tuvo que cambiar el nombre de sus productos. Pocas distribuciones pueden contar que tuvieron que rebautizarse por culpa de un mago de viñetas.

De Mandrake a Mandriva

La salida vino por la vía de las fusiones. En abril de 2005, MandrakeSoft se unió a la brasileña Conectiva, otro veterano del Linux. Juntando los dos nombres —Mandrake + Conectiva— salió la nueva marca: Mandriva. La empresa pasó a llamarse Mandriva y su distribución, Mandriva Linux.

Lo curioso es que Gaël Duval, el padre de la criatura, acabó despedido en marzo de 2006 en una ronda de recortes, algo que sentó fatal en la comunidad. Con los años, Duval siguió ligado al software que cuida la privacidad, con proyectos como el sistema móvil /e/OS.

Mandriva conservó su buen nombre técnico durante varios años, pero las cuentas nunca terminaron de cuadrar. En 2010 la compró un fondo de inversión ruso, y su última versión, Mandriva Linux 2011, salió en agosto de ese año. La empresa entró en liquidación en 2015.

El legado: Mageia y OpenMandriva

Lo bueno es que una distribución comunitaria no muere mientras su gente siga ahí. Cuando Mandriva empezó a tambalearse, sus desarrolladores cogieron el timón.

En 2010, un grupo de empleados despedidos y de miembros de la comunidad fundó Mageia, un proyecto sin ánimo de lucro que heredó la apuesta por la facilidad de uso y que sigue muy vivo hoy. Poco después, en 2012, se montó la Asociación OpenMandriva para continuar de forma directa el legado de Mandriva; su distribución, OpenMandriva Lx, arrancó en 2013 apoyándose al principio en el fork ROSA de Mandriva 2011, antes de tirar por su cuenta.

A su lado hay otras derivadas como PCLinuxOS o la propia ROSA, que completan una familia que deja claro hasta dónde llegó la huella de Mandrake. Hoy mandan en el escritorio gigantes como Fedora, Ubuntu o Debian, pero merece la pena recordar que muchas de las comodidades que damos por hechas las popularizó aquel pequeño proyecto francés del verano de 1998.

Fuentes